La primera le dio en la frente y su madre puso el grito en el cielo cuando vio un hilo rojo bajando por su cara. En realidad no llegó la sangre al río y le apañaron con solo un par de puntos. Lo peor fue que no le dejaron ir más a ese parque, que hacía tan buenos charcos cuando llovía, y «estaba lleno de niños salvajes», decía su madre indignada y muy asustada. Eran sus amigos y había sido un accidente. ¡Claro que Rober era un bruto y no tenía ni idea de medir distancias!, pero todos habían tirado piedras.

Una vez se escapó a ver a sus amigos, pero ya no era lo mismo gracias a su madre, que terminó denunciando.

La segunda no la vio venir. Le dio por detrás y de nuevo un hilo de sangre roja le chorreó desde la coronilla. Cuatro grapas y otra vez para casa. Habían pasado dos años desde la primera pero esta le dolió más. Por la espalda y a traición. También fue Rober, se ve que practicó bastante porque acertó de pleno.

— A veces los padres creen que ayudan pero atraen más problemas — pensó después de recordar la denuncia que puso su madre — No era necesario, estábamos todos jugando.

La tercera creyó que le caería antes, pero se fue a la universidad, a Madrid, sin más pedradas en la cabeza. Quedaron en su memoria como cosas de chavalines. Pero fue en el tercer año de carrera, cuando el sindicato de estudiantes convocó una huelga por la nueva reforma que estaba a punto de aprobarse y fue a la manifestación. Allí le cayó la tercera, un poco más grande sería, porque necesitó siete grapas. Siempre a la cabeza. Si algún día decidiera raparse el pelo parecería un eccehomo.

A la cuarta pedrada casi se cambia el nombre de José a Pietro. ¡Era el remate!, con todas las personas que hay en una ciudad y todas iban a él. Esta vez fue un trozo de baldosa, cayó de un voladizo de un portal directamente a su cabeza. Seis grapas más.

La quinta no pudo contármela sin lágrimas en los ojos. No le dio en la cabeza y tampoco hubiera curado aunque le hubieran puesto mil grapas. Lucía se la lanzó directa al pecho y allí se le quedó hundida, presionando su corazón.

Esta vez sí se cambió de nombre.

Febrero 2018

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