A pesar del frío, abrió la ventana y sacó la cabeza para ver y sentir la nevada. Se había asegurado de cerrar la puerta de su cuarto para que no entrase el frío al resto de la casa, pero, aún así, oyó la voz de su madre refunfuñando. No entendió lo que dijo, pero supuso que se quejaba al oír el «clonc» de la vieja ventana al abrirse. Hizo caso omiso. Inspiró el aire invernal con alivio hasta que su nariz empezó a gotear. Solo entonces, cerró la ventana y se metió bajo las mantas.

Su ya de por sí agitado sueño se interrumpió por los golpes de su hermano mayor, Rafael, un niño chico encerrado en el cuerpo de un hombretón. Por la mañana arreglaría los destrozos, ya estaba acostumbrado. Los golpes no paraban y se sumaron a los gritos de madre. No podría retomar el sueño, aunque tampoco quería levantarse. Seguramente Rafa pararía al cabo de una hora, agotado. Tendría más cosas para arreglar si lo dejaba estar, pero también estaría más descansado. Se dio la vuelta y se acurrucó lo más profundo que le permitía el colchón de lana y, aún esperando al silencio, se adormeció.

Oyó a su madre gritando cuando estaba amaneciendo. No eran los gritos habituales reclamando ayuda en el corral, debía ser algo más grave que no llegaba a entender entre tantas maldiciones que echaba por su sucia boca. Siempre culpando a los hijos y acordándose del que fuera su marido. La desgana que le entraba al oírla solo era superada por la apatía perpetua que le producía su propia vida. Aún así, se levantó, como siempre.

Abrió de nuevo la ventana y vio la nieve teñida de un rojo intenso junto al chamizo de la cabra. Se asustó, pero también sintió un inconcebible alivio. Allí estaba la pelliza de madre, rasgada en jirones. Lo que fuera que hubiera ocurrido había terminado con madre.

Bajó las escaleras de madera y vio el destrozo nocturno causado por Rafael y a éste balbuceando con la cabeza gacha.

-Hermano, fue ella, fue madre. Yo solo quería leche, pero no me dejaba. Dijo que no comería nunca más, que me mataría de hambre. Ella estaba loca y me volvió loco a mí. -levantó la cabeza, abriendo mucho los ojos, hinchados de llorar- Tuve que hacerlo, tuve que hacerlo… ¡TENÍA HAMBRE¡

Para Divagacionistas y #relatosNieve.

Enero 2021

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