Tenía los labios entumecidos por el frío de la nieve, pero no podía parar de sentirla. Tan fresca, tan suave…

Los meses de canícula, las noches sin poder dormir, estaban siendo compensados con este desvergonzado e inusual regalo invernal. Nunca había visto tanta nieve a esta altitud, unos quinientos metros sobre el mar. Sí, había nevado algún año, llegando a cuajar un par de centímetros, pero, ¿este manto que cubría las rodillas? ¡jamás lo había visto!.

Cierto es que hubo gente en el barrio muy bien preparada para la nieve, algunos hasta sacaron snowboard y trineos, pero no porque pudieran aprovecharlos cada invierno. Aquí la mayoría no tenemos cadenas para los neumáticos del coche, ni los cambiamos según la estación del año. Es más ¡yo no tengo ni guantes! Y ahí estaba, con mis mitones de lana, los dedos rojos de frío y mi par de ovarios, revolcándome cual can protegido por fina capa de pelusa impenetrable. ¡Me eché unas risas…! No sé si me reía de lo que me costaba levantarme (total, para volver a dejarme caer) o si no podía levantarme por las carcajadas, que me quitaban la fuerza.

Sí, esa soy yo
Sí, está soy yo

Tres días nevando sin parar han sido dignos de record, aunque los días posteriores fueron un auténtico caos. Empezó un viernes y yo había dejado la compra para ti sábado. ¡No tenía ni leche! Lo arreglé pidiendo un par de litros a una vecina de confianza y tiramos el fin de semana. ¿Qué digo el fin de semana? Cuatro días de suministros con lo mínimo. Ni yo me lo creo aún. Solo tenía pan duro, ajos, una cebolla, un par de kilos de patatas y huevos. Los peques saborearon buena sopa castellana (no triunfó, como cuando yo era pequeña) y unas patatas viudas con solo pimentón, aceite de oliva y sal.

En realidad tenía más de lo que creí en ese momento. Busqué. Tenía varios paquetes de lentejas con un «culín» y hubo de sobra para otro día de comida; medio paquete de arroz por detrás de otro de macarrones, un par de botes de tomate triturado…

……

Dos semanas después, no queda nieve suave y blanca, solo montones de hielo sucio y ennegrecido por el asfalto y el humo.

Supongo que a veces no nos viene tan mal quedarnos con poco, para caer en la cuenta de cosas importantes que dejamos olvidadas, escondidas al fondo.



Un día divertido y unas conclusiones que no olvidaré en mucho tiempo. Para Divagacionistas y #relatosNieve.

Enero 2021

Anuncio publicitario

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s