Le miré fijamente, sin pestañear y abriendo los ojos exageradamente.

—Estás loca -dijo sacudiendo la cabeza.

No contesté, pero seguí con la mirada fija sobre él. Intentaba ignorarme, pero es muy difícil ignorar a alguien que no te quita el ojo de encima. Se estaba poniendo nervioso.

—¿No tienes otra cosa que hacer? No puedo concentrarme.

Sin hablar, cerré un ojo, sin guiñarlo, solo bajando el párpado como una muñeca rota, mientras el otro lo mantenía bien abierto.

—No hagas eso, joder, sabes que no me gusta.

—¿Tiiieeenes miedooo? -pregunté agravando mi ya potente voz y vocalizando muy despacio.

—No, ya me voy acostumbrando a tus tonterías -dijo alterándose ligeramente- pero hoy no estoy de humor.

—Pues es una pena -contesté volviendo a la normalidad- siempre te ríes. De todas formas deberías estar alerta, nunca se sabe qué se me puede ocurrir.

La noche antes habíamos discutido por una tontería y apenas hablábamos. A mí ya se me había pasado, pero a él le costaba más volver a la normalidad. Necesitaba jugar un poco y no se me ocurría otra cosa que no afectara a mi orgullo. Quizá asustarle no era la forma más adecuada, pero solíamos terminar riendo.

—Cuando termines apagas todo, que me voy a acostar -dije pensando en una nueva pifia.
Me fui a la cama y me metí entre las sábanas fresquitas, esperando los diez minutos que dijo que tardaría.

—¿Lo hago o no lo hago? -pensé riendo para mis adentros- ¡Va, lo hago!

Puse las almohadas al largo de la cama y las tapé con la sábana; cogí del armario un traje suyo que me quedaba enorme y me lo puse; concluí mi disfraz con un gorro de bruja que compré para Halloween. Me escondí detrás de la puerta…

Quince largos minutos después, aburrida y a punto de rendirme, le oí por el pasillo.
Entró sin hacer apenas ruido.

—¿Ya te has dormido? -susurró.

Como un estruendo sonó mi risa de ultratumba a la vez que le sacudí con el plumero.
Su cara palideció, tropezó con el escabel que estaba a los pies de la cama y cayó redondo al suelo.

Llamé al 112 al ver que estaba inconsciente y un hilillo de sangre salía de su ceja.

—Es un síncope, tranquilos -dijo el médico del SUMMA cuando le expliqué, muerta de vergüenza, cómo había sido.

Supongo que tendré que dejar de hacer estas locuras

Y mi segundo para @divagacionistas con los #relatosLocura.

Julio 2020

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